One of the first women to helm a feature in Mexico, Matilde Landeta stood out in an industry dominated by men by self-financing her earliest productions. In her third and last feature as a director, based on an idea by the journalist Luis Spota, she crafted a strikingly nuanced portrayal of sex work that was truly ahead of its time. It follows two sisters with radically different lives: Maria (Elda Peralta, The Skeleton of Mrs. Morales), who—along with her supportive group of fellow sex workers—must deal with unscrupulous, abusive clients and her exploitative pimp, Rudy (Ernesto Alonso); and Elena (Miroslava Stern, Stranger on Horseback), a society woman trapped in a marriage of convenience, who falls prey to Rudy’s fortune-seeking seduction. In spite of its melodramatic structure, which the film’s producers applied as a way to remold its timely, social-realist subject matter, the film slyly sidesteps generic formulas and flies in the face of feminine heroine archetypes. Matilde, who founded the Sala Tlalpan in Mexico City, and continues to inspire women filmmakers throughout Latin America, described Streetwalker as such: “Instead of making a history of selfless women, I wanted to create a history of women who had done something in life. I wanted to make my films about women I know and feel are true.”

Courtesy of Filmoteca UNAM’s collection.


Matilde Soto Landeta es la directora de Trotacalles, estrenada en 1951. Como otras mujeres del cine, tuvo que autofinanciar sus producciones y llegó a hipotecar su casa para llevar adelante sus primeras películas. En Trotacalles, Landeta, adapta un argumento de Luis Spota y lo convierte en una historia de solidaridad entre mujeres. El destino femenino, condicionado por la pobreza y la estructura social, conducía en las historias del cine de la época de manera recurrente al cabaret. La dignidad de las mujeres se ve siempre en jaque, algunas terminan bien, otras no. Pero en Trotacalles—tercer y último largometraje de Matilde como directora—el eje está también en el grupo de prostitutas que hacen frente a clientes abusadores sin escrúpulos, o afrontan la enfermedad mortal en un ambiente triste y sensible. Se trata de un filme de contenido social, cuya visión femenina fue contaminada por los productores varones que cambiaron una trama realista, y la convirtieron en un melodrama. Matilde tuvo una larga carrera en el cine. Para 1945, aprendió el oficio trabajando con los hombres que dirigían las películas (Julio Bracho, Emilio “El Indio” Fernández y Agustín Delgado) quizá por ello, en sus trabajos no hay fórmulas genéricas ni se refugia en el arquetipo femenino de las heroínas. El cine de Matilde es crítico y humanista. Matilde fundó la Sala Tlalpan en la Ciudad de México. Su trayectoria y compromiso sigue inspirando a las mujeres cineastas de toda Latinoamérica.

Cortesía del acervo de la Filmoteca de la UNAM.